Maneras de Vivir confinado

Estoy lanzado a la limpieza general de primavera. Empujado por las circunstancias más que por una motivación personal. Este evento estacional, que mi madre sí que ejecutaba anualmente supervisada por mi abuela, ocupa ahora mis momentos más aciagos del confinamiento. KH-7, limpiacristales, –¿dónde quedó el Cristasol? Me encantaba su olor– trapo, balleta, paciencia y espíritu de maquetista construyendo un galeón de la Armada Invencible a tamaño botella de tres cuartos. Noto que no soy habitual en estas lides, me obceco en los detalles como si me fuera la vida en rascar la mota de polvo en la esquina de una moldura recóndita tras el aparador que yo nunca vi antes y que nadie verás tras de mi.

Pero este trabajo doméstico tiene sus recompensas. Son fundamentalmente tres:

La primera es la sensación de asepsia, tan de este momento. La seguridad y gustito que da estrenar algo, en este caso la simulación de volver a sentir que todo es nuevo otra vez. Dura muy poco tiempo y nadie alrededor se percata de ello más allá de una escueta exclamación alentada por mi en busca de una palmada que recompense las horas dedicadas y el amoniaco inhalado al que sin duda me estoy haciendo adicto como lo era mi madre.

La segunda es encontrar pequeños inútiles tesoros que en un momento dado fueron guardados e inmediatamente olvidados. Yo he hallado una bola de lavado ecológico que no requiere jabón para la lavadora; una máquina de hacer helado que con lo grande que es no se como ha podido pasar inadvertida durante tantos años; unas 1200 fotos en papel metidas en sus sobres de revelado, unas con negativos incluidos de carretes de 36 ó 24 exposiciones, otras en paquetes de 200 instantáneas 14×18 provenientes de revelados digitales oferta de Groupon. ¡He encontrado una botella de anís el mono!, ¿en qué momento compre yo una botella de anís? Pero lo mejor de todo, no lo encontré en casa ni haciendo la limpieza primaveral lo que justifica que no me haya prodigado en esta labor.

Lo mejor lo encontré en Facebook. Iñaki e Iñigo, casi al unísono, compartieron conmigo un antiguo trabajo. Un proyecto que significó para los tres un punto de inflexión en nuestras carreras profesionales, en muy diferentes sentidos para cada uno de nosotros. Fueron muy buenos momentos, a los que siguieron otros. Me quedo con el trabajo hecho entonces y con su resultado, que 12 años después creo sigue vigente en concepto y realización. ¡Chapeu compañeros!

Se trata de la campaña de publicidad que hicimos en 2008 para el departamento de Turismo del Gobierno de Navarra y su marca Tierra de Diversidad. Campaña que ponía el acento en la gente cuando en aquel momento lo que se vendía eran los lugares. Y una campaña que en su línea gráfica se documentó en exclusiva con imágenes y experiencias reales de gente que había compartido sus vacaciones en Navarra a través de las redes sociales (piensa que Instagram no se fundará hasta 2010) y lo hicimos gracias a un Flickr hoy venido a menos y un Picasa desaparecido.

Aquí os dejó la pieza que encontré durante estos días de confinamiento gracias a dos amigos. También estuvo durante mucho tiempo en un cajón, ya que no llegó a estrenarse oficialmente por motivos que nunca llegaron a explicitarse. Este video clip fue hecho en cinco días para la feria internacional de turismo Fitur 2009, incluidos arreglos musicales, grabación del tema y filmación y montaje del videoclip en un esfuerzo titánico de todos cuantos participaron, y fueron muchos, que no menciono por no olvidar por despiste a ninguno.

¡Ah!… había una tercera recompensa de esta limpieza de primavera. Limpiar es un trabajo mecánico, metodológico y sistemático, lo que viene a ser una especie de mindfulness para desconectar un cerebro ,que como el mío, no para de pensar, runrún, rurún, como esa lavadora que decía Verónica Forqué, ¿o era Victoria Abril? En uno de esos míticos diálogo de Almodovar. Desconectar el ruido de la mente esta también muy bien.

Desconectado…