¿Qué esconde el nuevo logo de Volkswagen?

Conduzco una mono volumen Volkswagen Touran, lo que me convierte en un aburrido padre de familia a los ojos de los estereotipos que simplifican la comprensión de un mundo transformado en mercado susceptible de ser segmentado. Mi Touran es diesel. Y como diesel, resulto ser el villano que puso la puntilla al coche tal y como lo hemos conocido hasta ahora. El «diesel-gate» llevó a la mejor marca de automóviles, según el ranking de ventas mundial, a convirtiese de la noche a la mañana en el peor ejemplo de comportamiento ético industrial de una época.

Tocaba reinventarse. Hace ahora un año exactamente durante la celebración del Salón del Automóvil de Frankfurt, septiembre 2019, Wolkswagen AG, realizaba un revolucionario cambio de imagen.

¿Revolucionario?

Seguro que te lo estás preguntando. ¡Es diseño alemán!, cualquier concesión a lo superfluo es una herejía. Y sin embargo es tremendamente revolucionario. No por su resolución gráfica, sino por la conceptualización de un cambio radical de rumbo del mayor grupo automovilístico del mundo.

Fundada en 1937, Volkswagen, tiene frente a sí una imagen de marca muy estable, y sin embargo el pasado mes de septiembre de 2019 en el Salón del Automóvil de Frankfort, el líder mundial en la fabricación de automóviles presentaba una nueva imagen corporativa. Los alemanes, siempre parcos en detalles y entregados a los principios de la bauhaus en donde menos es más, sometieron a su anagrama a un estricto régimen de recursos gráficos que lo han dejado reducido a su esencia. El nuevo logotipo de Volksvagen, es plano, ahora lo llamamos flat design; mono cromático; con un sólo grosor de trazo para todos sus elementos compositivos; la idea prevalece sobre la forma. La esencia, el mensaje, el concepto esta por encima de cualquier elemento expresivo. El logo-objeto pasa a ser un logo-concepto; y es aquí donde está el cambio radical. El nuevo logotipo representa el entierro definitivo de una época y la llegada de una nueva era para uno de los sectores industriales y económicos más importantes del mundo. Pero déjame que te enseñe una cosa:

Junio 2015, presentación nuevo logotipo de MINI.
Octubre 2016, presentación nuevo logotipo de CITRÖEN.
Junio 2017, presentación nuevo logotipo de OPEL.
Junio 2017, presentación nuevo logotipo de OPEL.
Septiembre 2017, presentación nuevo logotipo de HYUNDAI.
Septiembre 2019, presentación nuevo logotipo de VOLKSWAGEN.
Diciembre 2019, presentación nuevo logotipo de KIA.
Marzo 2020, presentación nuevo logotipo de BMW.

Cinco años, (desde 2015 año en que se destapó el escándalo del diesel), llevan transformándose los logotipos del sector de la automoción de una manera escalonada, ordenada y bajo un mismo patrón

¿Qué tienen en común todos estos logotipos?

Todos eran tridimensionales, con marcados volúmenes; metálicos —acero, aluminio, aleaciones de todo tipo— llenos de matices cromáticos qué hacían alusión al producto real e industrial, al objeto concreto, objeto de deseo y de pertenencia a un status: el automóvil. Eran logotipos muy físicos, tangibles que los podríamos coger, como medallas que colgarnos en la pechera a modo de triunfos o méritos alcanzados. Eran el símbolo del coche del siglo XX.
Pero el s. XXI, ya te has dado cuenta, Volkswagen también y toda la industria, va a ser otra historia.

  1. El coche que viene es híbrido, eléctrico, no contaminante.
  2. El coche que viene es silencioso, acústicamente invisible.
  3. El acero ya no será el material principal de los componentes del vehículo, dejando paso a plástico, resinas, carbono, silicio,…
  4. Los vehículos que vienen ya no son un hecho masculino.
  5. El coche que viene es autónomo: el placer de la conducción se transforma en la necesidad en sí del desplazamiento. De alguna manera lo que surgió como un lujo se ha convertido un siglo después en una commodity.

Toda la industria automovilística –y aquí voy ha hacer un símil con el sector de la informática y las nuevas tecnologías– deja de centrarse en el hardware para focalizarse en el software; deja de poner el foco en el objeto en sí, el automóvil, para ponerlo en la función: la movilidad. El futuro ya no es tanto vender coches como proveer al usuario de soluciones de movilidad: renting, car-sharing, alquiler, y lo que surja en el camino. Todos los nuevos logotipos del sector automovilístico proyectan el logotipo de una empresa de servicios, en donde el intangible, la movilidad, es el producto de venta y el coche una herramienta para su obtención. Estamos ante un hito en el diseño que comprenderemos mejor con el paso del tiempo, porque como siempre el mejor diseño es aquel que esta al servicio de su función y este es un ejemplo en el que se ha sacrificado mucho ego, efectismo, estilismo y autocomplacencia del equipo creativo en aras de reflejar una idea, un cambio, una revolución.

Flat design kill the car

Video kill the radio star, anunciaba aquella mítica canción de los ’80. De la misma manera, Flat design kill the car. Estos cambios de estilo de logotipo anuncian el paso de la industria automovilística a la industria tecnológica con logotipos que van a competir dentro del ecosistema de un Google, Apple o Samsung.

De momento sigo con mi Touran. El estereotipo, de padre de familia aburrido se quiebra cuando mi coche huele a salitre tras volver de navegar con el material dentro, en vez de vómito o Nocilla. Nada es perfecto, y los estereotipos están hechos asumiendo su error de ante mano. Sigamos llendo de aquí para allá disfrutando de la partida, la llegada y del viaje en si mismo. Como hagamos ese viaje lo sabremos con el tiempo. Mientras tanto nos seguimos leyendo por aquí.